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ADAPTACIÓN LABORAL Y… ALZHEIMER?

Adaptación laboral y… Alzheimer?
¿Estamos hablando de que puede haber enfermos de Alzheimer trabajando? ¿Cómo es posible?

El otro día saltó la noticia, los enfermos de Alzheimer menores de 65 años en situación laboral activa piden la adaptación laboral de su puesto de trabajo mientras los síntomas sean leves y permitan el desarrollo adaptado de su actividad laboral, pero parece una incongruencia tratándose el Alzheimer de una enfermedad de personas mayores… o es que ya no lo es tanto?

Se estima que entre un 9 y un 10% de los enfermos de Alzheimer tiene menos de 65 años. Al ser esto así, se corroboran dos situaciones hasta ahora ignoradas, una, la enfermedad afecta a personas más jóvenes de lo que la sociedad en su mayoría cree, dos, un grupo nada despreciable de estas personas afectadas, estan en edad de trabajar, de hecho, están trabajando cuando les llega el diagnóstico, así que ambas situaciones son aspectos en los que hasta ahora no se había reparado.

Si tenemos en cuenta que la edad de jubilación se encuentra entre los 65 y los 67 años de forma general con excepciones, nos queda todavía una franja de edad amplia para que se den ambas situaciones, Alzheimer y trabajo.
Que los familiares o asociaciones de enfermos de Alzheimer en edades tempranas pidan la adaptación laboral es un detalle que debería hacernos pensar en qué tipo de tratamiento se les está dando a la enfermedad cuando esta debuta. Es decir, si una persona laboralmente activa manifiesta síntomas de Alzheimer, dependiendo de cuál sea su trabajo, esta debería ser retirada de la actividad de forma inmediata (pensemos por ejemplo en un conductor de autobuses, en un taxista, o en una persona que maneja maquinaria pesada o productos químicos, por ejemplo).Pero, y es aquí donde entra el término “adaptación laboral” si la actividad laboral que esa persona realiza es compatible con la primera fase de la enfermedad (y siempre que los síntomas lo permitan y hasta que la situación cambie o la enfermedad avance) sería preciso estudiar de forma pormenorizada e individual esta situación y darle al enfermo la oportunidad de seguir en su puesto de trabajo, adaptándolo, para que esa actividad forme parte de su rutina y actúe como terapia.

Normalmente y de forma general, ahora, cuando llega el diagnóstico y la persona se encuentra trabajando, independientemente del puesto de trabajo que desempeñe, se tramita la baja y la posterior incapacidad laboral total. El motivo de solicitar en algunos puestos la adaptación es mantener al enfermo en sus rutinas lo máximo posible, sirviendo las tareas del trabajo que desempeña, como ejercicios estimulantes, cognitivamente hablando, algo beneficioso para el enfermo y por supuesto su autoestima.

Varios son los problemas que se presentan con la adaptación laboral, pero ninguno carece de solución si se pone interés. El estigma de la enfermedad sería el primero de ellos, la forma de tratar al enfermo por parte de los compañeros, la actitud de los superiores, y por último pero no menos importante el compromiso que desee mostrar la empresa en la adaptación del puesto, ya adaptar el puesto laboral a alguien de estas características requiere que haya tareas que ya no va a poder realizar, y que deben recaer sobre otras personas. No es fácil, pero creo, que en los casos en los que sea posible, merecería la pena intentarlo, no?

¿Vosotros qué pensais al respecto? ¿Creéis que para el enfermo, la adaptación laboral de su puesto de trabajo, siempre que sea posible, sería una buena terapia?

Aquí os dejo mi página de Facebook por si os queréis pasar 🙂

 

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