IRA Y RESENTIMIENTO DEL CUIDADOR

EL DESPUÉS PARTE I
29/01/2019

IRA Y RESENTIMIENTO DEL CUIDADOR

“Comencé a enfadarme con él cuando constantemente perdía objetos o había que contarle una y otra vez las mismas cosas, y luego las olvidaba a los 5 minutos. Me enfadaba constantemente porque no entendía que me hubiera tocado vivir semejante situación y veía que poco a poco se me estaba escapando la vida”

Son muchos los cuidadores que, dentro de las sensaciones que experimentan durante el cuidado del enfermo de Alzheimer, manifiestan tener un sentimiento de culpa porque se enfadan frecuentemente con el enfermo o pierden la paciencia cuando la situación les desborda.

Otros cuentan que tienen siempre un recelo permanente con el enfermo porque lo “culpabilizan” de la situación que les ha tocado vivir.

La ira hacia el enfermo es uno de los muchos sentimientos que tiene el cuidador y posiblemente el más ocultado, porque lleva aparejado un gran sentimiento de culpa.

Esta ira que el cuidador siente hacia el enfermo y en general hacia la situación que le está tocando vivir, es una más de las válvulas de escape que sirven para afrontar el día a día con un enfermo de Alzheimer. Cuidar 24 horas al día o convivir con una persona de estas características requiere que el cuidador aparque su vida para dedicarla a otra persona, pero no sólo es eso, es estar dispuesto a lidiar con los comportamientos agresivos, erráticos o confusos del enfermo, ayudarle en todo lo que necesite, repetir las cosas una y otra vez y, por supuesto, velar para que no le pase nada.Así que que dentro de esta vorágine de tareas impuestas, una de las sensaciones que tiene el cuidador es este estado de enfado permanente que le lleva muchas veces a desear que todo acabe, no sin sentirse culpable de tener estos deseos.

¿Queréis saber de dónde viene la ira y el resentimiento hacia el enfermo?

Pues puede tener varios orígenes, los más llamativos y que identificareis con facilidad los que seáis cuidadores son :

  • El aislamiento que sufrís al cuidar de una persona dependiente.
  • Las grandes renuncias que se hacen cuando hay que cuidar de otra persona que nos necesita las 24 horas del día.
  • Tener que repetir lo mismo una y otra vez para comprobar que el enfermo no recuerda lo que le habéis contado.
  • El miedo y la incertidumbre ante el futuro.
  • El carácter incurable de la enfermedad, algo que hace que no veáis salida a la situación que vivís.
  • Y, por ultimo y como plato estrella, la ausencia de ayuda de otros miembros de la familia.

Quiero centrarme especialmente en este último punto. A veces los cuidadores son designados por la familia en consenso, pero otras muchas (la mayoría diría yo, corregidme si me equivoco) se queda con el enfermo el que siempre ha estado con él, el hermano o pariente más dispuesto o sencillamente el que no tiene otro remedio. Es esta última situación la que más ira y resentimiento genera en el cuidador, porque cuidar es una tarea muy dura, que requiere que aparquemos nuestra vida a un lado, mas aún cuando no recibimos ayuda por parte de nadie.

A veces la familia se aleja inconscientemente del enfermo porque no sabe cómo tratarlo y tiene miedo de sus reacciones. Otras, simplemente se aleja porque es más cómodo no ver la situación y, en ambos casos, es el cuidador principal el que tiene que encargarse de todo. Cuando digo todo, es todo, desde el más simple detalle hasta aspectos importantes como el manejo del patrimonio del enfermo (no sin problemas por parte de la familia restante), decidir sobre el centro de día al que irá el enfermo o tomar partido a la hora de resolver cuestiones médicas de vital importancia. Esto sobrecarga al cuidador en exceso, y no es extraño que sienta ira y resentimiento hacia la familia, e incluso hacia el propio enfermo.

Muchos cuidadores me escriben diciendo que a veces se han sorprendido pensando en el día en que todo acabe y curiosamente no se han sentido apenados sino liberados. Es un sentimiento que les hace sentir culpables pero que a la vez, les reafirma en la situación de soledad y abandono en la que viven por parte de la familia. Es este componente junto con la falta de reconocimiento a lo que hacen, lo que les hace fantasear con el día en que finalice el papel que les ha tocado desempeñar.

Os animo a que me escribáis contándome vuestras experiencias al respecto, si me autorizáis a que las haga públicas podemos escribir un diario de testimonios de cuidadores que hayan experimentado esto que os describo y así ayudar a otros muchos que se encuentren en la misma situación.

Si os apetece compartir vuestro testimonio podéis ir al apartado contacto de esta web y escribirme.

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